sábado, 7 de abril de 2018
martes, 3 de abril de 2018
lunes, 26 de marzo de 2018
Los Abarimon, humanoides con los pies al revés Hombre y Naturaleza
Los Abarimon vivían junto a los animales de la región y por su salvajismo no se podían capturar. Existen leyendas que los pies invertidos de esta raza se debían a unas sandalias que usaban, y por esta razón podían correr a grandes velocidades. El país de los Abarimon se encontraba en el gran valle del Monte Imaus, un lugar donde el aire estaba encantado y por ello si una persona lo respiraba por mucho tiempo le sería imposible respirar otro tipo de aire.
Esta raza ficticia no podía abandonar el valle con vida, este efecto también protegía la ubicación exacta del valle. El sabio Plinio describió a esta gente por primera vez en su libro Historia Natural (VII), de acuerdo a Plinio, eran muy parecidos a los humanos físicamente, pero tenían los pies para atrás.
Tiempo después, una historia similar fue relatada por Aulus Gellius en el texto “Attic Nights”.
Fuente: http://grandesmisteriosporjesuscordero.blogspot.com/2011/09/los-abarimon-humanoides-con-los-pies-al.html
domingo, 25 de marzo de 2018
La Cacería de la Ciguapa
Acercándose estaba el verano, y Miguel y sus amigos José Luis y Nelson estaban planificando donde pasar las vacaciones. Estos chicos eran muy amigos y siempre estaban juntos. Era un equipo de aventuras. Tanto, que hasta sus padres se conocieron a través de ellos y siempre apoyaron la forma en que los chicos se trataban como hermanos: era como una gran familia.
Miguel dijo:
- Podemos pasarnos el verano en casa de mis abuelos que viven en el campo. Nunca he ido y mis abuelos me dicen siempre, cuando nos visitan, que es un lugar muy bonito, hay ríos y muchos árboles.
- Nelson: Me parece buena idea. Seguro mis padres estarán de acuerdo.
- José Luis: yo no tengo nada mejor que proponer, además me gusta mucho la idea de ir al campo con ustedes.
- Miguel: solo tenemos que avisarles con tiempo a nuestros padres y sacar buenas notas en los exámenes y no se negarán.
Pasaron los días y los niños sacaron excelentes notas y sus padres se pusieron de acuerdo con enviarlos al campo de los abuelos de Miguel.
Cuando llegaron al campo, los niños estaban felices. Los abuelos estaban más felices todavía, ya que no era común que recibieran visitas.
Aquel lugar era hermoso. Los abuelos de Miguel vivían en una hacienda preciosa. Había un establo con muchos caballos, también el abuelo tenía un gran ganado de vacas y había gallinas y gansos.
- ¡Abuelo, Abuelo! - decía Miguel- ¡llévanos al río! ¡llévanos al río por favor!
- Está bien- dijo el abuelo muy contento.
Después de un día de mucha diversión, en la noche el abuelo les contó una historia.
- Han escuchado hablar de las ciguapas- decía el abuelo.
- Han escuchado hablar de las ciguapas- decía el abuelo.
- ¡Ahh sí! - dijo Miguel, - en el libro de español hay una historia de ellas. Son criaturas raras que tienen los pies hacia atrás y son pequeñas.
José Luis: - si pero la profesora nos dijo que no son reales.
- ¡Si son reales!- Dice el abuelo, lo que pasa es que pocas personas la han visto, pero si son reales.
Nelson: - ¿usted ha visto alguna Señor?
- Claro que sí. Por estos lugares vive una, a veces ronda por aquí y trata de robarse las gallinas. Antes teníamos problemas porque se robaba las gallinas, pero una noche la descubrimos yo y mi amigo Juan. Cuando nos vio salió corriendo. La pude ver perfectamente: era pequeña y el cabello largo y abundante le cubría su cuerpecito por delante y por detrás. Desde entonces mi esposa le pone un plato de comida todas las noches en el gallinero. Mientras el abuelo hablaba, los niños estaban con la boca abierta escuchando esta fascinante historia.
- ¡No lo puedo creer! - dice Miguel, - ¡es increíble!
- ¿Enserio le ponen comida? - dice José Luis.
- Si quieren, vamos a ponérsela esta noche en el gallinero y mañana temprano podrán ver con sus ojos que estará el plato vació, dice el abuelo. Y así lo hicieron. Esa noche los niños no podían dormir pensando en la ciguapa.
- Será cierto lo que dice el abuelo - dice Nelson.
- ¡Si son reales!- Dice el abuelo, lo que pasa es que pocas personas la han visto, pero si son reales.
Nelson: - ¿usted ha visto alguna Señor?
- Claro que sí. Por estos lugares vive una, a veces ronda por aquí y trata de robarse las gallinas. Antes teníamos problemas porque se robaba las gallinas, pero una noche la descubrimos yo y mi amigo Juan. Cuando nos vio salió corriendo. La pude ver perfectamente: era pequeña y el cabello largo y abundante le cubría su cuerpecito por delante y por detrás. Desde entonces mi esposa le pone un plato de comida todas las noches en el gallinero. Mientras el abuelo hablaba, los niños estaban con la boca abierta escuchando esta fascinante historia.
- ¡No lo puedo creer! - dice Miguel, - ¡es increíble!
- ¿Enserio le ponen comida? - dice José Luis.
- Si quieren, vamos a ponérsela esta noche en el gallinero y mañana temprano podrán ver con sus ojos que estará el plato vació, dice el abuelo. Y así lo hicieron. Esa noche los niños no podían dormir pensando en la ciguapa.
- Será cierto lo que dice el abuelo - dice Nelson.
- Bueno, mañana veremos sí la comida sigue allí - dice José Luis.
- A mí me gustaría ver la ciguapa y saber donde vive, si tiene amigos...
- Mejor duérmete Miguel.
- A mí me gustaría ver la ciguapa y saber donde vive, si tiene amigos...
- Mejor duérmete Miguel.
Al día siguiente, no bien se levantaron, corrieron al gallinero y para sorpresa de ellos el plato estaba totalmente vacío.
- ¡Es increíble! - dijo Miguel, ¡Abuelo! ¡Abuelo! ¡Ven a ver esto!
- ¡Es increíble! - dijo Miguel, ¡Abuelo! ¡Abuelo! ¡Ven a ver esto!
El abuelo sonriendo se acercó al gallinero.
¡Mira abuelo! Ya no esta la comida. ¿Seria la ciguapa? ¡Claro que sí!. Desde ese instante, los niños no dejaron de pensar y hablar de la ciguapa.
- ¡Vamos a atraparla! - dijo Nelson. ¡Si, vamos a buscarla, será una gran aventura!
- Pero Miguel, ¿cómo lo haremos?. Vamos a preguntarle al abuelo que más sabe de la ciguapa. ¡Vamos! ¡Vamos!
- ¡Abuelo! ¿Dónde podríamos encontrar la ciguapa? ¿Qué más sabes de ella?
- Solo sé que vive en el monte y casi no sale de día, nadie más la ha visto, pero algunos dicen que siguiendo el río, entre las montañas se escucha su aullido.
- Eso es - dijo Miguel, - seguiremos el camino del río y cuando la escuchemos aullar la seguiremos y la atraparemos.
- ¡Vamos a atraparla! - dijo Nelson. ¡Si, vamos a buscarla, será una gran aventura!
- Pero Miguel, ¿cómo lo haremos?. Vamos a preguntarle al abuelo que más sabe de la ciguapa. ¡Vamos! ¡Vamos!
- ¡Abuelo! ¿Dónde podríamos encontrar la ciguapa? ¿Qué más sabes de ella?
- Solo sé que vive en el monte y casi no sale de día, nadie más la ha visto, pero algunos dicen que siguiendo el río, entre las montañas se escucha su aullido.
- Eso es - dijo Miguel, - seguiremos el camino del río y cuando la escuchemos aullar la seguiremos y la atraparemos.
- ¡Siii! - gritan Nelson y José Luis.
- ¡Niños!, ¡Niños! Dice el abuelo entre risas, no pueden hacer eso, mejor piensen en otra cosa y más tarde los llevaré a que vean como se ordeñan las vacas.
- Está bien abuelo, iremos a jugar. Cuando los niños quedaron solos salieron a planificar su aventura:
- ¿Qué más da? - dijo Nelson: - vamos por el camino del río a explorar.
- Si, con un poco de suerte nos encontraremos con ella - dice José Luis.
- De todos modos le diré al abuelo que iremos a dar una vuelta por el lugar, no quiero que se preocupe.
- ¡Niños!, ¡Niños! Dice el abuelo entre risas, no pueden hacer eso, mejor piensen en otra cosa y más tarde los llevaré a que vean como se ordeñan las vacas.
- Está bien abuelo, iremos a jugar. Cuando los niños quedaron solos salieron a planificar su aventura:
- ¿Qué más da? - dijo Nelson: - vamos por el camino del río a explorar.
- Si, con un poco de suerte nos encontraremos con ella - dice José Luis.
- De todos modos le diré al abuelo que iremos a dar una vuelta por el lugar, no quiero que se preocupe.
Dicho esto, los niños emprendieron su viaje hacia lo más profundo del bosque siguiendo el camino del río. Mientras más caminaban, más paisajes interesantes encontraban, comieron fruta de los árboles, vieron peces de colores en el río y se entretuvieron mucho en el camino.
- Oye Miguel, ¿cómo cuanto tiempo llevamos aquí?
- Ni idea Nelson
- Creo que tenemos más de cinco horas - dice José Luis.
- ¡Qué horror! Entonces hace rato que pasó la hora de la comida, los abuelos deben estar preocupados.
- Vamos a casa ya - dijo Miguel. Pero al empezar su camino a casa, no estaban muy seguros por donde seguir.
- Sigamos caminando seguro que pasamos por aquí, Miguel,
- ¡No, no, no!. No hemos pasado por aquí - insistía José Luis.
- Ni idea Nelson
- Creo que tenemos más de cinco horas - dice José Luis.
- ¡Qué horror! Entonces hace rato que pasó la hora de la comida, los abuelos deben estar preocupados.
- Vamos a casa ya - dijo Miguel. Pero al empezar su camino a casa, no estaban muy seguros por donde seguir.
- Sigamos caminando seguro que pasamos por aquí, Miguel,
- ¡No, no, no!. No hemos pasado por aquí - insistía José Luis.
Después de mucho caminar y mucho tiempo transcurrir se dieron cuenta que estaban perdidos en el bosque.
- Es increíble ¡hemos estado caminando en circulo Miguel! ¡Hace una hora más o menos estábamos aquí!
- Es increíble ¡hemos estado caminando en circulo Miguel! ¡Hace una hora más o menos estábamos aquí!
- ¡Estamos Perdidos! Decía Nelson, ¡Nunca llegaremos a casa de tu abuelo!
- Tenemos que salir de aquí o se nos hará de noche. Dice Miguel.
- Tenemos que salir de aquí o se nos hará de noche. Dice Miguel.
Los niños estaban en un gran aprieto, mientras en casa del abuelo se iniciaba la búsqueda. Cada vez que los niños caminaban buscando el camino a casa, se alejaban más.
Ya estaba apunto de oscurecer, cuando los niños se sentaron en un tronco y empezaron a llorar abrazándose uno a otro diciendo: nunca debimos alejarnos tanto de la hacienda, nunca nos encontrarán... cuando de pronto escucharon que algo se movía en los arbustos.
- ¿Qué es eso? - dice Miguel
- No sé, tengo miedo - dice José Luis.
De repente algo salto de los arbustos hacia ellos: los niños gritaron y se escondieron detrás de un árbol.
De repente algo salto de los arbustos hacia ellos: los niños gritaron y se escondieron detrás de un árbol.
- ¡Miren!, ¡Miren! ¡Es la ciguapa!Efectivamente era la ciguapa que ya los estaba observando desde hacia un rato y decidió ayudarlos. La ciguapa les hizo un gesto de que la siguieran, saltando entre los árboles.
- Rápido - dijo miguel - vamos a seguirla, es nuestra única esperanza.
- Rápido - dijo miguel - vamos a seguirla, es nuestra única esperanza.
Y salieron corriendo detrás de ella. Al cabo de unas horas los niños reconocieron el camino a casa y estaban felices y confiados de que la amiga ciguapa los llevaría de regreso. Y efectivamente la ciguapa llegó incluso casi a la puerta de la hacienda con los niños. En ese momento la ciguapa se detuvo frente a ellos como en señal de despedida.
- Gracias por todo, señora Ciguapa. Nunca la olvidaremos, es usted muy buena.
- Gracias por todo, señora Ciguapa. Nunca la olvidaremos, es usted muy buena.
La ciguapa se fue y los niños corrieron a casa. Los abuelos estaban felices de que los niños estuvieran bien, y se asombraron al escuchar como los niños pudieron llegar a casa.
Esa noche la abuela, agradecida, preparó un manjar para la ciguapita en señal de gratitud. Los niños nunca más pensaron en atrapar ciguapas, ni en alejarse mucho de la hacienda. Pasadas las vacaciones cada vez que los abuelos de Miguel visitan su casa, este siempre pregunta por la ciguapa y le mandaba unos chocolates.
FIN
Cuento original por: Vanessa Almonte
Email: vanedos@hotmail.com
Tomado de: http://www.dominikano.com/Principal/Relatos/ciguapa%2002.html
lunes, 8 de enero de 2018
CULTURA Y TRADICIONES: Bestiario latinoamericano (VIII). La Ciguapa
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| Alexander Prieto Osorno |
Por Alexander Prieto Osorno
El hombre que responde al canto de la Ciguapa está perdido. Las ciguapas poseen una belleza extraordinaria, cubren su desnudez con sus largas cabelleras, son como sirenas en medio de los campos y la manera más rápida para identificarlas es mirar a sus pies, pues los tienen al revés y dejan huellas contrarias al rumbo que llevan. Ellas embrujan a los hombres con su hermosura, sus ojos y su canto, los aman hasta la saciedad y luego los matan.
Salvo por sus pies invertidos, son mujeres de belleza perfecta. Los dominicanos testifican que se trata de una raza muy antigua que vive en la isla desde mucho antes de la llegada de los españoles. Tienen la piel morena, los ojos negros y rasgados y una agilidad y gracia de movimientos que deja embelesados a cuantos las han descubierto en las sierras. Nunca se les ha visto hablar, pero sí emitir una suerte rara de aullidos suaves y musicales, cuya sensualidad es imposible de resistir. Corren como liebres por los bosques y saltan como pájaros entre las ramas de los árboles al advertir el paso de los hombres y, a la menor ocasión, atacan con sus terribles armas de seducción.
La Ciguapa ha sido llevada a la literatura por numerosos narradores dominicanos, desde Francisco Javier Angulo (Santo Domingo, 1816-1884) con su cuento «La Ciguapa», hasta Leibi Ng (Santiago, 1954) con su libro Secreto de monte, cuentos juveniles sobre ciguapas. Son personajes míticos inseparables de la obra de Emelda Ramos (Salcedo, 1948) y del llamado «ciguapólogo por excelencia», Manuel Mora Serrano (Pimentel, 1933), quien les dedica totalmente su novela Goeíza.
Los dominicanos tienen muy viva esta leyenda y aseguran que las ciguapas son hembras extrañas, salvajes y mágicas que habitan las montañas. Algunos campesinos señalan que son pequeñas, de no más de un metro de alto, otros indican que tienen el cuerpo cubierto de vellos muy finos, otros más afirman que son altas, delgadas y de piernas largas, e incluso hay quien las describe como «una especie muy bella de pájaros emplumados». Sin embargo, coinciden en que son hermosísimas, salen de noche de sus escondites y se alimentan de aves, peces y frutas. El gran peligro que entraña la Ciguapa radica en que es rabiosamente enamoradiza y, en cuanto descubre un hombre en sus territorios, no descansa hasta cazarlo, exprimirlo y matarlo.
Al parecer, el origen del mito de las ciguapas son las leyendas aborígenes de los arahuacos antillanos, de los taínos y de los pueblos precolombinos llegados a República Dominicana. El escritor Marcio Veloz Maggiolo (Santo Domingo, 1936), en su búsqueda de las raíces de este mito, encontró una versión de la Ciguapa en Brasil, con el nombre de (la o el) «Curupí», un espíritu de la selva amazónica que tiene los pies al revés, que fue descrito por un misionero español del siglo xvi y que bien puede ser el ancestro de la ciguapa dominicana. Para ciertas tribus amazónicas, Curupí es un macho, y para otras es una hembra, pero ante todo es un pequeño mago protector de la fauna y la flora que recorre la manigua para castigar a los hombres que molestan e indignan a los espíritus de la selva. Veloz Maggiolo halló también en Paraguay a un ser de pies invertidos, llamado Curupa, que es referido por los guaraníes como un enano de enorme y largo falo, con el cual enreda y atrapa a las mujeres para poseerlas sexualmente y subyugarlas.
La tradición oral dominicana dice que existe una forma secreta de atrapar una Ciguapa y esta es perseguirla, en noches de luna llena, con un perro de manchas blancas y negras, pero que sea cinqueño; es decir, que tenga cinco dedos en cada pata. Y el mito reza que la Ciguapa no resistirá el cautiverio y que morirá de pena a las pocas horas sin emitir ningún quejido. Pero que se sepa, hasta hoy nadie ha tenido la suerte de conseguir un perro cinqueño para salir a cazar ciguapas, y menos aún, ha visto morir de pena a una Ciguapa en cautiverio. Por eso no se atreva usted a caminar por los montes buscando perros cinqueños o ciguapas, porque lo más probable es que termine como presa de una de ellas, que lo seducirá con su canto, sus ojos y su desnudez tentadores, y le dará un placer tremendo y doloroso antes de matarlo.
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Alexander Prieto Osorno
Periodista y escritor colombiano, ha publicado artículos en más de 70 diarios y revistas de Europa y América, y escribe para el Instituto Cervantes. En el periodismo ha obtenido el Premio Nacional ACAC en Colombia y ha sido finalista del Premio Internacional de Periodismo Rey de España. En el ámbito literario ha sido galardonado con varios premios en América y Europa, como el Premio Internacional de Cuento Juan Rulfo, obtenido en París. Entre sus libros se destacan obras periodísticas como Los sicarios de Medellín (publicada en castellano y alemán) y Cronista en dos mundos, y obras de ficción como El olvidador y Bonitos crímenes.lunes, 2 de octubre de 2017
BAJO UN MISMO SOL
CAROL RORALÍA CÁRDENES
1996
Ediciones Infantiles Dominicanas
El sol se ocultaba finalmente, detrás de las montañas, que en la Isla Hispaniola forman la Cordillerra Central. Sus rayos cansados cobijaban la figura de Guayacoa, quien caminaba apresuradamente.
Estaba triste. No podía entender por qué su vida se había transformado así.
En pocas lunas había visto desparecer, primero a su padre y abuelos y luego a su madre. Aún recordaba aquel día en que alguien le avisó:
—¡Hay unos hombres raros en la playa!
¡Con cuánta alegría, él mismo había recogido junto a los demás niños de la aldea, pedazos de oro y objetos valiosos para entregárselos a esas gentes! Les habían dado a cambio unas cuentas de vidrio.
Fueron esas mismas gentes quienes, poco a poco, se adueñaron de la isla, de su mundo, de sus padres, de su vida…
Luchó por contener el río de lágrimas que, una vez más, amenazaba con inundar sus ojos.
Había comido junto a sus amiguitos. Fue uno de los primeros en llegar hasta allí. Disminuyó la velocidad de sus pasos a medida que se acercaba. Sus labios, y sus ojos se abrieron con gran asombro, al contemplar, con interés, aquellos extraños personajes, con unas vestiduras que nunca había visto.
Su piel era tan blanca como las piedras lisas que acostumbraba buscar a la orilla del río.
Sus cabellos relucían como el maíz, y el mirar de sus ojos le recordaba el azul del mar.
¡Sí tan sólo tuviera a su madre! ¿Quién cuidaría de él ahora? Aunque, eso sí, prefería vivir para siempre entre esos montes antes que volver allá abajo, donde hombres malos lo maltrataban y se burlaban de su piel oscura.
Apretó sus labios, en un gesto de rabia, mientras pasaba la manita por su cara, para secar las lágrimas que habían brotado. En ese momento escuchó un sonido agudo que rompió el silencio del monte. Tembló de terror y trató de esconderse detrás de unos matorrales.
De pronto, vio a alguien que lo observaba sonriente. Parecía una niña, pero no estaba seguro. Tenía los cabellos largos. Tan largos que casi llegaban al suelo. Andaba desnuda, como él, aunque su pelo negro y abundante le cubría todo el cuerpo. Comenzó a caminar en dirección a ella, que lo llamaba con un cantar más suave que el que había entonado al principio.
Fue entonces cuando descubrió que tenía los pies al revés.
Ella lo tomó de la mano y él tuvo que reconocer sorprendido, que a pesar de la diferencia en sus pies, ella corría más rápido que él.
Poco después llegaron a un lugar alto. Guayacoa trataba de controlar su respiración agitada, cuando vio entre los árboles una cueva, de donde salían más seres. De pronto surgieron en su memoria, como un rayo, las historias que acostumbraba contarle su abuela, sobra esas criaturas de la noche llamadas ciguapas.
Allí había vías. Viejas, con la piel arrugada y los cabellos blancos. Algunas jóvenes, que caminaban con gracia, y pequeñas, como la que aún lo tenía fuertemente agarrado de la mano. Todas lo rodearon.
Experimentó una sensación de temor que fue disminuyendo a medida que las ciguapas le ofrecían frutas, agua fresca y alguna hasta le acariciaba la cabeza como acostumbraba hacerlo su madre. No tardó mucho en sentirse contento y confiado. Poco a poco fue descubriendo el maravilloso mundo de las ciguapas.
Pronto se dio cuenta de que él era su prisionero, pues ellas se dedican a secuestrar a los hombres. Son alegres, sensibles y coquetas y viven siempre en los montes. Los machos son seres nobles que se ocupan de buscar alimento. Guayacoa aprendió a salir al oscurecer a buscar sal y guineos maduros.
En compañía de Tainarí, que así llmó a la ciguapita que lo había traído, recogía flores silvestres para tejer alegres coronas que colocaba luego en el hermoso cabello de su nueva compañera. Juntos fabricaban vasijas de barro y perseguían a las multicolores mariposas. La ciguapita se comunicaba con él jupiando, y él le hablaba a su vez en suave lengua taína. No tenían necesidad de intérpretes, pues en el lenguaje del amor el mensaje siempre es el mismo.
En las noches se deleitaba viéndolas bailar alrededor de la hoguera. Se movían en una danza rítmica que lo llenaba de nostalgia al recordar el Areito que acostumbraban a bailar los suyos. Se alimentaba de frutas y carne cruda.
Jugaba con las ciguapitas hasta el cansancio y así disfrutaba plenamente de esta nueva vida. ¡Se sentía tan agradecido por este cálido hogar, diferente y seguro, que el Creador y Protector de los niños le había proporcionado!
Así pasaron muchos, muchos años. Y hay quien cuenta que aún resuenan entre las montañas, como música, alegres risas, las del taíno Guayacoa y las de la ciguapita Tainarí, quienes bajo un mismo sol llegaron a ser hermanos.
©Carol Rosalía Cárdenes-Grimaldi
jueves, 29 de diciembre de 2016
La Ciguapa por Juan Báez
Cuando terminó de hacer el mundo, Dios quedó muy agotado y decidió tomar el séptimo día para descansar. En los momentos de ocio, que para los humanos representan una cantidad impensable de años, optó por crear seres que le ayudaran a manejar los asuntos secundarios, que le sirvieran de asistentes y fue así que nacieron los arcángeles, ángeles, serafines y querubes.
Estos seres, en su organigrama burocrático, debían responder a un arcángel, Lucifer, también llamado Luzbel, cuyo asistente principal era Ariel. Permitió el Creador que los arcángeles aprendieran tanto que llegó el momento en que algunos se hicieron de la idea de que no necesitaban a nadie y pensaron en independizarse.
Así, cierto día, cuando estaba Lucifer fomentando ese pensamiento de independencia, se presentó ante él un serafín que se desempeñaba como mensajero interno, llevaba una nota con la orden de que debía presentarse al despacho del Señor de los Cielos.
Acudió al llamado con porte gallardo y seguro del poder con que soñaba. Su presencia provocó un inusitado movimiento entre los ángeles de la oficina, ya que no pocos lo veían como futuro amo. Con gestos de mando y sin anunciarse entró directamente al despacho celestial, donde se le informó de la última acción divina: La creación del ser humano.
-He dejado para último la creación de un ser que se acerca bastante a la perfección, pues tiene el don de la palabra y del pensamiento. De toda mi obra es la más apreciada, la que representa mi forma de pensar. En la actualidad reside en un lugar llamado Edén o Paraíso y todo le es facilitado para que no tenga problemas a la hora de procurarse su manutención, en ese lugar se multiplicarán. Espero ordenes a todos que le obedezcan y ayuden, no lo desamparen –Dijo Dios.
-No te obedeceré –contestó Luzbel -¿Quiere decir que después que hemos trabajado tanto para hacerte más liviana la vida, cuando ya no tienes que moverte para algunos asuntos, tenemos que obedecer a unos advenedizos? Porque según tú se multiplicarán y, de acuerdo a tu informe, en ese lugar lo tienen todo, por lo que no necesitarán realizar ningún esfuerzo para subsistir.
Después de estas palabras pensó él que la ocasión era favorable para tratar el tema de la separación, de sus deseos de actuar independientemente, gobernando su propio mundo y así lo hizo.
Tratando de ser tolerante y democrático llamó Dios a Consejo y advirtió que se había realizado una tenaz labor de zapa, que por estar de confiado le estaban minando su proyecto de vida y se sorprendió al notar que los rebeldes no eran pocos.
Debido a que el Señor del Universo les había tomado confianza y otorgado poderes para resolver asuntos secundarios, creían ellos podían dar vida y en la sesión dijeron que estaban dispuestos a demostrar de lo que eran capaces, que podían crear un muñeco de tierra y darle las mismas funciones y atributos que las del ser humano. Inmediatamente solicitaron se les permitiera hacer una pequeña demostración.
-Bien, si ustedes piensan que debo darles la oportunidad de regir el universo traten de crear algo –les dijo el Señor. Claro, Dios sabía de qué adolecían los insurrectos, porque no les había enseñado el último secreto y por tanto les permitió su demostración.
-Crearemos un ser humano y lo pondremos a trabajar. No será como esos haraganes que viven en el Paraíso Terrenal, esos que ahora quieres les sirvamos como si estuviéramos para convertirnos en sirvientes de seres inferiores –alegó Ariel, un ángel, que además de ser asistente de Luzbel, se distinguía por su belleza.
Luego de pronunciar estas palabras se dispusieron a realizar lo propuesto e inmediatamente tomaron un poco de tierra y…
-¡Un momento –tronó el Creador!- ¡Con mi tierra no, búsquense su propia materia prima! Les conmino, óiganlo bien, a que empiecen creando su propia tierra. ¿Así quieren demostrar que están listos para regir el universo? ¿Pretenden ser creadores usando el trabajo ajeno?
-Bueno, si quieres juzgar nuestro talento no está de más que nos prestes un poco de barro –dijo irónicamente Luzbel, quien además de ser cabecilla de los desafectos, era comandante en jefe del ejército rebelde en formación.
Sabía Dios que los seres que están fuera del contexto general, los oportunistas y depredadores, siempre tratan de escalar usando peldaños ajenos para, una vez que estén arriba, destronar a los propietarios de los mismos, que los oportunistas no se molestan en construir su propia escalera.
Finalmente y luego de una pequeña discusión de varios minutos celestiales, que, tal como hemos expresado, medidos en tiempo terrestre serán algo así como varios cientos de años, porque las cosas celestiales suelen tener unas medidas que el razonamiento humano no puede comprender, Dios les permitió, bajo ciertas condiciones, usar su tierra.
-Sí, está bien, usen mi tierra, pero no ésta del barranco, que ya la tengo reservada para otras cuestiones, tomen aquella que está al lado del arroyo –les dijo.
Entonces usaron de la tierra del arroyo y crearon un ser viviente. En las filas de los desafectos hubo un gran murmullo de aprobación, pero, al no ser de la del barranco, que era la empleada por el Señor, sino la que contenía gran cantidad de arena, caliche y a veces barro, el ser creado salió chueco.
Fue así como nació algo que en vez de palabras emitía chillidos, que en lugar de vellos tenía el cuerpo cubierto de cabellos, de baja estatura, con los ojos rasgados y con los pies volteados, con los dedos hacia atrás y el talón para adelante. Este ser, al caminar, deja huellas que indican un rumbo contrario al que realmente lleva, ya que en lugar de ir hacia adelante, parece que va hacia atrás.
La obnubilación de los rebeldes era tal que no percibieron el fallo, se ensoberbecieron y fue necesario recurrir a la fuerza para apaciguarlos. De esto se encargó Miguel, el arcángel bueno, el que nadie notaba, que todo lo observaba, el militar silencioso y en el que verdaderamente había puesto Dios toda su confianza, para lograr el control necesitó la ayuda de Rafael. Debieron aplicar toda su argucia, poniendo a funcionar las más avanzadas estrategias militares que el Señor les había enseñado.
Finalmente, después de una lucha tenaz, los rebeldes resultaron vencidos y, cumpliendo sus deseos, los alzados fueron enviados a un lugar desde donde gobiernan su propio mundo. Allí el calor es insoportable, pues es donde se encuentra el fuego eterno.
Santo Domingo, octubre de 2009.
JUAN BÁEZ
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