jueves, 29 de mayo de 2014

La ciguapa por Santiago Bonilla

Pintor dominicano, expuso en Museo de las Casas Reales.


Había una vez, una ciguapa muy bella. Era un animal hermoso. Tenía el pelo negro como la noche. Se paseaba por el bosque entre ramas y ramas. Recogía flores en una canasta hecha de guano.

La ciguapa, llevando en sus manos una canasta grande, le pidió a una mata de jagua que le dejara caer varias frutas, y la mata se la negó.

—¡Voy a cortar una rama! —Se dijo la ciguapa muy enojada.

—¿Tun tún! ¡Tuntún! ¡Jau! ¡Jau!

—¡Oh! ¡Se volvió un perro! ¡Me ladra! ¡Te dejaré! ¡Te dejaré! —Le contestó la ciguapa. Salió corriendo. Y al llegar al manantial, al lado de una piedra, alimó su machete.

—¡Miao! ¡Miao! —Gritaba la piedra.

—¡Oh! ¡Se volvió un gato! —Decía la ciguapa de forma muy sorprendida.

—¡Cua! ¡Cua!

—¡Cua! ¡Cua! —Cantaban las ranas frente a la ciguapa.

—¿Qué hacen ustedes aquí? —Preguntó la ciguapa.

—¡Nosotras somos las hijas de la naturaleza!

—¿Por qué ustedes me siguen?

—¡No te contestaremos esa pregunta!

—¿Por qué? —Preguntó en tono alto la ciguapa.

—¿Entonces, quién me contestará?

—¡La naturaleza! —contestaron las ranas.

La ciguapa le siguió los pasos a las ranas que saltaban de piedras en piedras, hasta que llegaron a la montaña. La ciguapa se sentó sobre una lama verde que cubrían las piedras:

—¿Quién es la naturaleza? —Preguntó la ciguapa.

—¡Todo! ¡Todos! —Contestaron las ranas en un coro de fino tono.

—¡Cómo que todo! —Dijo la ciguapa en alto tonar.

—La naturaleza es vida. —Contestaba una rana.

—La naturaleza es salud. —Contestaba la otra rana desde lo alto de una piedra.

—¡La naturaleza es: los árboles, las yerbas, las flores, las lluvias, y las piedras donde dormimos! —Contestaba una rana.

—¡El viento! —Dijo otra rana.

—¡Uuu! ¡Uuu! —Cantaba y bailaba el viento tumbando los nidos de las ciguas palmeras.

—¡Chuichui! ¡Chuichui! —Cantaban las garzas.

—¡Maaa! ¡Maaa! —Gemía la vaca.

—¡Cococoleco! ¡Cococoleco! —Cantaba la gallina.

—¡Kikirikí! ¡Kikirikí! —Cantaba el gallo.

—¿Ciguapa? —Le llamaba una rana.

—Esa es la naturaleza: es amor, alimentos y salud. ¡Cuidémosla! —Dijo la otra rana.

Tanto las ranas, las ciguas de diferentes especies; las gallinas, los gallos, garzas y las vacas estaban todas reunidas. La ciguapa observaba muy sonriente, a todos los animales. Y al mirar hacia la entrada principal, oyó una voz:

—¡Ciguapa! ¡Ciguapa! —Le llamaba una persona con una voz pausada.

—¡Ciguapa! ¡Soy el presidente! ¡Te voy a nombrar la reyna del bosque para que multipliques a cien millones, cada animal, según su especie!

—¡Está bien! ¡Acepto el reto!

La ciguapa se montó en un burro o asno; miró hacia las entradas de los ríos; a localizar las tierras fértiles, para las semillas y a reunir yaguas para construir bohíos; reía de alegría y la naturaleza florecía en belleza.

—¡Ciguapa! ¡Ciguapa! —Le llamaba la Cotorra Bandera.

—¡Ciguapa! ¡Ciguapa! —Soy el ave de los colores patrios!

—¡Ciguapa! ¡Ciguapa! —¡Reyna! ¡Reyna de nuestra naturaleza! —Le llamaron todos los animales…

 FIN

Santiago A. Bonilla Meléndez (Santiago Bonilla), nació el 17 de julio del año 1961, en el Paraje Arroyo Bellaco de la Sección Bocas de Licey del Municipio de Tamboril de la Provincia de Santiago, República Dominicana; hijo mayor de Herminio de Jesús Bonilla Santos y de Cecilia de Jesús Meléndez Sánchez.
Es Lic. En Letras y Abogado.
El cuento aparece en su libro CUENTOS PARA NIÑOS(AS), 1999.


Leibi NG


lunes, 31 de marzo de 2014

La ciguapa encantada por la luna de Avelino Stanley

La ciguapa Ao Iguani ("Ao es abundancia. Iguani quiere decir esbelta como una iguana de oro") recibe una encomienda de La Luna: dirigirse hacia el Oeste porque tiene que hallar el Árbol de la Paz, repartir sus frutos entre los niños del mundo y eliminar las guerras. Pero su propia desaparición casi provoca un terrible conflicto entre dos tribus. Bofri, (nombre taíno que quiere decir filósofo, "tal vez poeta, o dueño del pensamiento") sale a buscarla como si su propia vida dependiera de ello y en el camino se encuentra con Rafael Emilio, quien le presta ropas, Héctor Luis, Carlos, María Elena y Rafael Emilio. Entre todos van a lograr un desenlace prometedor. 150 páginas de entretenimiento en una historia bien hilvanada y muy interesante.



viernes, 16 de agosto de 2013

El canto de la ciguapa por Ricardo J. Bogaert-Alvarez

http://www.flickr.com/photos/sehacecamino/234180491/
Ciguapa soy del Cibao
Esta tierra de nosotros
Si con cuidado la amamos
Será esmeralda pa’ todos

Hija soy del huracán
Son mis venas los arroyos
Mis brazos son alas blancas
De las garzas cada otoño

Los españoles vinieron
A matar nuestros retoños
Pocos indios que quedaron
Vivieron sólo para el foso,
Pero mis taínos viven:
Sus almas son capas de oro
Adornan mi corazón
Es Quisqueya su tesoro.

©Ricardo J. Bogaert-Alvarez, New Jersey.

The Song of the Ciguapa


I’m Ciguapa from the Cibao
This land of ours
If we love it with care
It’ll be an emerald for everyone

Daughter I’m of the hurricane
The creeks are my veins
My arms are the white wings
Of the egrets every fall

The Spaniards came
To kills my buds
The few Indians left
Only lived for the grave,
But my Taínos live:
Their souls have layers of gold
They adorn my heart
It’s Quisqueya their treasure

©Ricardo J. Bogaert-Alvarez, New Jersey.

1) Quisqueya is the Indian name of Dominican Republic
2) Tainos were the original Indians in Dominican Republic

3) Ciguapa is a mythological creature that inhabited the forests. Her feet were backward

martes, 14 de mayo de 2013

EL EXCURSIONISTA, por Leibi Ng


Estaba rodeado de sonidos: el golpeteo de los pájaros carpinteros, el murmullo de la cascada, el trinar de las aves... pero yo sentía un vacío grandísimo. Creo que era la soledad.
Miré el reloj. Pronto sería de noche. Suspiré. ¡Tan contento que había salido esa madrugada para la excursión! Durante todo el camino... (fragmento)

EL EXTRAÑO DEL CAFETAL, por Leibi Ng


-¡Nena, regresa, que ya es de noche! -llamó Betania a su hija. El montoncito de palabras del grito cayó en el patio llegando hasta el rincón del cafetal donde estaba la niña. Allí donde los cocuyos, las ranas y los grillos iniciaban su canto... (fragmento)

LA CIGUAPA CAÍDA


Allá en la Cumbre, el frío se pegaba como una segunda piel de aves, piedras, bestias y árboles.
   Cuando las cúspides alcanzaron las nubes, ella se precipitó en un torbellino de tierra y ramas.
   Habría muerto, de no haber sido por la larguísima cabellera enredada entre las raíces salientes de inmenso roble a orillas de la carretera.
   Sangraba tiñendo de rojo el paisaje, pero la gente pasaba indiferente frente a la moribunda. Hacía tiempo que habían perdido la capacidad de ver a las ciguapas.
   El sol iluminaba con tierno afán luchando contra el frío y la neblina, dejó ver a Cristina, una niña que iba a buscar la leche para el desayuno. Sólo ella miró al otro lado de la autopista. Sólo ella se fijó en el cuerpo inmóvil.
   Cristina sintió una inmensa pena por la ciguapa herida. La reconoció enseguida porque su mamá le había narrado las historias que se cuentan en nuestros campos de sus pies al revés y su melena larguísima. La socorrió.
   No tuvo dificultad para cargarla, porque las ciguapas casi no pesan.
   Al observar a su hija con la pobre ciguapa desmayada, la mamá de Cristina se alarmó:
   -¡Cristina! ¿Qué pasó?
   -Yo no sé, mamá. Estaba a orillas de la carretera. ¡Vamos a curarla!
De inmediato la acostaron en la cama de Cristina. Le pusieron una almohada debajo de las rodillas para acomodar los pies volteados. Tenía un tobillo roto.
Lo primero que hicieron fue lavarle las heridas con agua hervida y jabón de cuaba. Entablillaron el tobillo y luego, poco a poco, le desenredaron los cabellos.
Dormida era realmente hermosa. Cristina estuvo a su lado todo el tiempo.
Un día, mientras la curaban, se despertó. Se quejó con un “jupido”. Así es como se llaman los sonidos de las ciguapas.
-No tengas miedo. Somos tus amigas –dijo Cristina, tranquilizándola.
Desde aquel día, la ciguapa se mostraba agradecida hablándoles de su gente y sus costumbres. Cuando las ciguapas se iban a casar, salían en noches de luna a cantar su última velada de independencia. Así fue como se perdió y se lastimó al caerse.
Cristina supo que el canto de las ciguapas hace que los hombres y mujeres que lo escuchan en el silencio del monte queden llenos de amor.
Los días pasaban y la ciguapa ya estaba sana. Empezaron a dar cortos paseos por los alrededores.
Apoyándose en el hombro de la niña, la ciguapa, vestida con un túnico de aliento de niño, daba cortos pasos como polichinela. Las risas de las dos se oían en la cocina, donde la madre enfriaba la leche desafiando el aire al pasar el chorro espumoso repetidas veces de un jarro a otro.
Un día Cristina regresó de la escuela y encontró la figura melancólica de la ciguapa, recortada a la luz del crepúsculo.
 -¿Qué te pasa? ¿Por qué tan triste?
 -Es que ya estoy sana y me tengo que marchar...
 -¡No te vayas! Te puedes quedar por siempre con nosotras.
 -¡Imposible! Mis hermanos y hermanas me llaman sin cesar. Mi futuro esposo me espera. Los escucho buscándome en las noches de luna. Siento el aroma de sus cuerpos en la brisa. Debo regresar.
-Entonces – dijo ansiosa Cristina –, llévame contigo. No puedo pensar en como será nuestra vida cuando te hayas ido.
El rostro de la ciguapa se iluminó. Empezaron a brincar de alegría, mas de repente, como si un rayo de entendimiento las hubiera atravesado, se sentaron, de nuevo mirando el suelo.
-No puedo dejar a mi mamá. Soy lo único que ella tiene. Me envía a la escuela para que estudie y sea alguien. Yo sé que ella anhela que yo me gradúe.
La ciguapa la miró comprensiva. La valiente niña a quien debía la vida, estaba atada por el más poderoso lazo: el del amor de madre.
-¿Crees que a tu mamá le gustaría conocer el reino de las ciguapas?
 Cristina sintió su corazón palpitar más rápido. La ciguapa exclamó:
 -¿Sabes que viajo dando saltos? –a lo que Cristina asintió y de inmediato fue rodeada por el abrazo de su amiga. La ciguapa brincó tan alto que fue directo a la cima de la montaña. Allí dejó a Cristina, aspirando el más dulce de los aires, mirando el más hermoso paisaje y escuchando la canción del viento. Después, bajó de nuevo y sonrió al ver a la madre de Cristina con una expresión en el rostro que demostraba la dicha y el dolor mezclados, la realidad y la esperanza.
-¿Dónde la llevaste? – preguntó.
  -A mi casa. Ahora quiero que vengas conmigo.

La abrazó con cuidado y de nuevo brincó como sólo lo hacen las ciguapas. Juntas se perdieron en el mundo de la magia y el misterio de nuestros montes. 

LA LEYENDA DEL SOL Y LA NOCHE, por Leibi Ng (publicado en la antología de Banreservas HUELLAS DE LA LEYENDA).

"...Cayó precipitada y su larga melena brillante de betún iba cubriendo todo con su oscuro misterio: los árboles, las peñas, los ríos y sus orillas, bohíos y corrales, valles, pueblos y riscos... La Noche había nacido para oponerse al Sol".


Por Leibi Ng

Hacía ya muchos años que el Sol besaba a la Montaña. Con su resplandor la acariciaba de la cúspide a la falda.
Marrón, amarilla o negra en sus extensas laderas, ella siempre daba hijos verdes: ornamentales o de suaves frutos.
El Sol enamorado le trajo un día a Arco iris y abrillantó el espacio infinito de azul.
Con jirones de nubes hizo un collar muy blanco que ella movió coqueta alrededor de su garganta de piedra.
Claro y diáfano, duraba el Día para siempre.
En cierta ocasión, Sol se vio obligado a separarse de Montaña. Fue cuando descubrió en un acantilado, una caverna cubierta de espesa vegetación. Helechos gigantes, hiedras y enredaderas formaban una tupida puerta que ni el más valiente rayo podía traspasar.
Sol se puso frío de preocupación. Él que era el centro del universo, no podía permitir que una simple cueva escapara de su luz.
Radiante, esplendoroso, reunió toda la energía de su potente luz.
Primero envió Rayos Tibios de la Alborada. Ágilmente lucharon contra Rocío y Escarcha hasta evaporarlos en un débil rastro de humo gris. La cueva permaneció cerrada y sin luz.
Después llegaron raudos Rayos de Media Mañana. Lucharon con todo su calor, pero no pudieron pasar de las enredaderas.
Finalmente descendieron Rayos de Pleno Mediodía. Ardientes, verticales; quemaron piedras y marchitaron hiedras, pero la cueva se mantuvo cerrada y sin luz.
Sol, desaforado llamó a su hermano Viento.
Viento rompió el collar de nubes de la hermosa Montaña. Así desató a Lluvia, agua precipitada que suelta y juguetona dio muchísimas vueltas antes de regresar a su mullida casa de algodón.
Por horas, Viento y Lluvia azotaron a Montaña. Quebraron cedros, robles, ébanos y caobos, sin contar limoncillos, aguacates y un manaclar sin dueño. Los pinos destrozados cubrieron grandes zonas, pero la cueva permaneció cerrada y sin luz.
Cuando Viento y Lluvia se marcharon vencidos, hilos de plata descendieron incontenibles: Montaña lloraba sus árboles caídos.
Tras el susurro de riachuelos, una mujer de sombras, con piel hecha de sueños y pies transparentes, con larga cabellera a modo de manto sobre el cuerpo desnudo, salió de la caverna. Un grito agudo, como de ave triunfante salió de su garganta. Calor, Lluvia y Viento había vencido, ¿dónde estaba ese Sol arrogante?
Sol regresó en ese mismo instante. Clavó en la extraña sus pupilas de fuego. Sin poder soportarlo, ella corrió a ocultarse, pero sus pies de agua se le voltearon presos de las raíces brotadas. Un grito de dolor se escuchó en el silencio y Viento lo bautizó "jupido".
Cubrió sus pies distintos con su melena enorme. Perdida, elevó altiva su mirada de orgullo. Desafiante clavó en el astro sus pupilas de abismo.
Valiente, Sol enfrentó aquella ira por él desconocida, pero lanzas de hielo penetraron en su cuerpo candentes y enigmas y misterios, preguntas sin respuestas hirieron brutalmente su cuerpo hecho de luz.
 Fue en ese momento que escaparon unidos los colores de la vida: azul, rojo, amarillo... dejaron el espacio a uno solo más fuerte que creció incontenible amenazando a Sol.
Entonces Montaña se removió temblando desde la tierra llana, retorciendo su cumbre. Todos los hijos verdes se estremecieron juntos y desencadenaron un poderoso alud. Entre lluvia de piedras y sacrificio de árboles Sol se recuperó.
Cegada para siempre, Ciguapa tambaleaba. Sus pies volteados negáronle equilibrio. Y ahora que no podía darle a nadie la espalda, si entraba o si salía del refugio de piedra fue de vida o de muerte... Cayó precipitada y su larga melena brillante de betún iba cubriendo todo con su oscuro misterio: los árboles, las peñas, los ríos y sus orillas, bohíos y corrales, valles, pueblos y riscos... La Noche había nacido para oponerse al Sol.
 Desde entonces, la claridad termina después de doce horas de cálido esplendor. El Sol besa a la Montaña. La rodea de Arco iris, de un infinito azul, después se va prudente dando paso a esta Noche que oscura y silenciosa hace brillar estrellas en su enorme melena de apagado carbón.
***

A veces, en luna llena, Montaña se apiada de Noche Serena. La deja entrar con la tristeza prendida en su melena... dicen que va derecho hasta el charco de plata que hay en su antigua cueva y con polvo de estrellas se lava sus dos pies.